"Don´t let yourself go".Una voz líquida lo dijo por la mañana. Y los tacones servían de ancla, de ancla, de ancla... hasta que le sacaron un ojo a alguien. El ancla se liberó provocando cismas en frentes ajenas. Después hubo un caldo y muchas verduras; el recuerdo de la nieve de Utah mientras Obama entraba en la historia; y una chilena y luego otra. "Don´t let yourself go", repitió la misma voz líquida. Y de los cismas salieron ratones, ratas más bien. Ratitas. Hubo una despedida, un adiós a una familia de muchos años. A la familia no. A la casa de esa familia en donde hubo amor, cismas también, cine, mucho cine y tantos asombros. Entre los cismas y las ratitas, así se llegó a la conclusión. Las ratitas encontraron su lugar en un estudio pequeño y propio, ya al anochecer, cuando la sopa había que recalentarla, cuando los sonidos del vecino más amado resonaban en las heridas de los cismas. Es la confianza, palabra marchita ya desde enero, la que se escapó por una de esas ranuras y luego regreso y se despilfarró con el té, que ya en la madrugada tendrá otro sabor. "You think you´ve got enough of this life", pues no. Aún no.
Entrelíneas scouts
1 day ago